Corría el año 1983 cuando nacía la que iba a parecer la historia de amor más grande jamás contada en el mundo de los videojuegos. Ese año un pequeño pero atrevido fontanero apodado Jumpman decidía poner fin a las “travesuras” a las que sometía un enorme gorila con una jovencilla. Fue tal la hazaña que no había ser en la faz de la tierra que no supise de las aventuras de este hombrecillo. Tal fueron sus actos que poco a poco fue perdiendo el apodo y rápidamente trascendió su nombre, Mario. Empezaba a sí la leyenda de un superhéroe de carne y hueso que tenía el amor a Peach, así es como se llama la damisela, como máximo estandarte.
Peach abrumada por los actos heroicos del hombre que le arreglaba las goteras decidió comenzar la que sería la mayor aventura jamás vivida y nunca contada con uno de los seres más conocidos de la faz de la tierra. Y es que el que se piense que la relación entre Mario y Peach fue sencilla dista mucho de acercarse a la realidad. Pero vayamos por partes, pues esta historia tiene varios puntos donde quisiera detenerme para que podáis ver con claridad cuál es la realidad de la historia.




